Nunca pensé seriamente sentarme frente a una pantalla a ver una película como Zombieland. No por nada, simplemente, películas hechas para comer palomitas me llenan la cabeza de bostezos y, sin saber mucho del film, había prejuzgado su contenido. Por suerte surgió un conflicto de recomendaciones entre amigos, me armé de valor para el visionado y así pude tener parte en la discusión sobre el mismo.
A los 72 minutos de visionado, y durante la publicidad involuntaria que se genera entre el apagado y encendido del módem, me acordé de la Sinde y su parte de la LSI (Ley de Economía sostenible) que tanto revuelo ha causado. Si bien no existe relación directa entre la ministra de cultura y los zombies, si que es cierto que su ley va a generar situaciones similares: personas cuyo objetivo es ir a la feria y montones de agentes de la cultura (me da miedo esta expresión) que pretenden comernos.
A lo que vino exáctamente la chispa mental fue que pensé que si tuviese que haber pagado por ver semejante bodrio, equiparable a todos los bodrios sobre zombies que se han rodado en los últimos años, hubiese salido del cine con ganas de quemar butacas.
Al igual que con otros temas mucho más importantes, este me genera una terrible disyuntiva. No estoy dispuesto a pagar ni un céntimo por ver una película como esta, y sin embargo, creo que los creadores de productos culturales sí deben ser compensados por su trabajo. ¿Dónde está el punto medio?
Obviamente, un señor no va a ver una película con publicidad si puede descargarla gratis, y probablemente, no va a haber forma de detener la descarga gratuita, así pues sólo queda poner en marcha un sistema de pago por visión y apelar a la ética del espectador. Sin embargo, la ética, en la intimidad de un oscuro salón y el anonimato de la soledad, es difusa.
La decisión que se ha tomado desde el gobierno es mucho más absurda, triste y peligrosa. Capar internet y que mis compis puedan seguir viviendo del cuento. ¿Acaso creen que iría al cine más?¿Acaso creen que así me compraría más discos de música? Obviamente no.
Lo que de verdad me preocupa es que se preocupen tanto de si España la industria cultural se rompe, y a nadie le procupa que películas como Spanish Movie, o Zombieland tenga la misma cantidad de cultura que un kebab.
La cultura, quizá, debería pagarse al peso, incluyendo un etiquetado en el que se capte la cantidad de la misma que lleva el producto.
El cine comercial, sin duda, sería muy barato.
Os dejo con un enlace a una crítica de “La resurrección de los muertos vivientes” (Les revenants, Francia, 2004), una película bastante floja, pero novedosa sobre el tema de los zombies, y un trailer de la misma (sólo en francés, no lo he encontrado en español):